Los desayunos en La Casita de las Sierras son para mi una magia eterna llena de tesoros preciados. Un lugar al que voy desde niña y asociado a recuerdos que atesoro. La pava al fuego,el paquete de yerba, el mate, el tarro de dulce de leche, el termo, la pirca en el fondo y el amanecer, en un mantel bajo la arboleda con un ser querido, mientras esperamos los bizcochitos que se terminan de hornear en el fuego. – Sofía Toribio